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La inmortalidad como pesadilla

26 jul
3 min de lectura

Cuando la muerte se toma un descanso: reflexiones sobre Las intermitencias de la muerte de José Saramago

En nuestra más reciente tertulia literaria nos sumergimos en una de las novelas más provocadoras y brillantes de José Saramago: Las intermitencias de la muerte. La conclusión fue casi unánime: estamos ante una de las obras más memorables que hemos leído en los últimos tiempos. La novela combina humor, filosofía, crítica social y una profunda reflexión sobre el sentido de la existencia.

¿Qué ocurriría si nadie muriera?

Saramago parte de una premisa tan sencilla como inquietante: un día, la muerte deja de actuar. Nadie muere. Lo que inicialmente parece una bendición pronto se transforma en una pesadilla colectiva. Los hospitales se saturan, las aseguradoras entran en crisis, las familias quedan atrapadas cuidando enfermos terminales que nunca terminan de morir y las funerarias pierden su razón de ser.

La novela revela una verdad incómoda: la muerte no es únicamente un final individual; también es una pieza fundamental del equilibrio social. Sin ella, los sistemas políticos, económicos y familiares comienzan a desmoronarse.

La genialidad de humanizar a la muerte

Uno de los aspectos más admirados durante la tertulia fue la forma en que Saramago convierte a la muerte en un personaje. En la primera parte aparece como una figura casi burocrática, disciplinada y eficiente. Más adelante, sin embargo, comienza un proceso de humanización que la transforma profundamente.

El detonante es algo aparentemente trivial: una carta que regresa a sus manos. A partir de ese momento surgen la curiosidad, la duda y el deseo de comprender aquello que hasta entonces observaba desde la distancia.

La música, especialmente el sonido de un violonchelo, desempeña un papel fundamental en esa transformación. Gracias al arte, la muerte descubre emociones que nunca había experimentado y termina acercándose a aquello que define nuestra humanidad.

 

Una sátira de las instituciones

Otro de los grandes aciertos de la novela es su mirada crítica hacia las instituciones. Ante una crisis sin precedentes, el Estado y la Iglesia reaccionan con comunicados, burocracia y discursos incapaces de ofrecer soluciones reales. Mientras tanto, surgen organizaciones criminales que encuentran formas prácticas de resolver el problema, hasta el punto de que el propio gobierno termina colaborando con ellas.

Durante la conversación surgió un paralelismo inevitable con la pandemia de COVID-19. Muchos participantes encontraron semejanzas entre las respuestas institucionales descritas por Saramago y algunas dinámicas políticas observadas en crisis recientes.

 

La muerte como condición para la vida

Quizás la idea más poderosa de la novela sea que la muerte no es el enemigo de la vida, sino aquello que le otorga significado. Sin un final, desaparecen la urgencia, el valor de las decisiones y la conciencia del tiempo. La inmortalidad deja de parecer un sueño para convertirse en una carga.

La tertulia derivó hacia experiencias personales y reflexiones íntimas. Especialmente conmovedora fue la historia compartida sobre una persona que vivió más de un siglo y que, durante sus últimos años, repetía una frase cargada de significado: «cuánto trabajo que me ha dado morirme». Una expresión que parece resumir perfectamente el espíritu de la novela.

 

El sobre violeta

Uno de los elementos más impactantes del libro es la aparición de los famosos sobres violetas que anuncian la muerte con ocho días de anticipación. La pregunta surgió de forma natural entre los asistentes: ¿qué haríamos si recibiéramos uno?

Las respuestas fueron diversas, pero coincidimos en algo: no existe una respuesta universal. Cada persona afrontaría esa noticia desde su propia historia, sus afectos, sus creencias y sus pendientes.

 

Un libro que permanece

La discusión reafirmó la vigencia de Saramago como autor. Su capacidad para combinar imaginación, crítica política y reflexión filosófica sigue siendo extraordinaria. No es casual que muchos consideren Las intermitencias de la muerte una de sus novelas más logradas.

 

Al finalizar la tertulia nos quedó una certeza compartida: la muerte puede ser inevitable, pero precisamente por eso la vida adquiere valor. Y pocos escritores han explorado esta paradoja con tanta inteligencia, ironía y humanidad como José Saramago.

 
 
 

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